Últimamente he estado pensando en algo: ¿qué hacemos cuando la vida nos dice que no?
No me refiero necesariamente a grandes cosas. A veces es simplemente ese “no de esa manera” o “tienes que esperar”.
En mi caso, una de las cosas que más me ha hecho pensar en esto ha sido el ejercicio.
Durante mucho tiempo disfruté de correr y hacer deporte. Moverme era algo natural para mí; no tenía que pensar demasiado en ello, simplemente podía hacerlo. Pero cuando empiezan a aparecer limitaciones físicas, de pronto algo que parecía tan sencillo deja de serlo.
Hay ejercicios que ya no puedes hacer. Hay movimientos que tienes que evitar. Tienes que bajar la intensidad, ir más despacio y tener mucha paciencia.
Y creo que eso es más difícil de lo que parece.
Porque no estás dejando de hacer solo un ejercicio. De alguna manera, sientes que estás perdiendo una parte de esa libertad que tenías para hacer con tu cuerpo lo que querías.
Y ahí aparece la frustración:
¿Por qué no puedo hacerlo como antes?
¿Por qué tengo que ir tan lento?
¿Por qué tengo que tener tanta paciencia?
Pero después empecé a pensar que quizás el mensaje no era simplemente "no puedes".
Quizás era: “tendrás que hacerlo de otra manera”.
Y no, no es lo mismo.
Porque si la vida te dice "de esa manera no", significa que todavía existe la posibilidad de buscar otra forma. Tal vez no pueda hacer exactamente lo que hacía antes ni con la misma intensidad, pero eso no significa que tenga que dejar de moverme.
Tengo que encontrar otra manera.
Creo que esto también se aplica a muchas otras áreas de la vida. Hay momentos en los que hacemos planes y las cosas no salen como esperábamos. Intentamos algo y no funciona. Una puerta se cierra y, muchas veces, interpretamos ese “no” como si significara que ya no hay nada más que hacer.
Pero quizá solo significa que tenemos que cambiar de dirección.
Aceptar el “no” no siempre significa resignarse; a veces significa reconocer que esa forma ya no funciona y preguntarnos qué podemos hacer diferente.
Esa es una de las lecciones que estoy aprendiendo: no siempre podemos controlar lo que nos pasa, pero sí podemos decidir qué hacemos después.
Quizás la pregunta no sea solamente:
“¿Por qué la vida me está diciendo que no?”
Sino también:
"Si por aquí no es el camino, ¿por dónde sí?”
Tal vez algunos “no” no vienen a detenernos... tal vez solo vienen a enseñarnos otra manera de avanzar


